martes, 26 de abril de 2011

Otoño: Lluvia de hojas

Las hojas no se resisten al caer, casi podría decirse que saltan ansiosas al vacío. Deseosas por ser atrapadas por el viento y volar por tan sólo un instante fugaz.
Al viento parece gustarle la idea de dirigir, controlar. Las une, las hace girar, bailar y las hojas nunca se hacen de rogar.

A veces lo único que se necesita es parar. Tan sólo por un segundo, parar. Pero ¿cómo detenerse si todo lo que nos rodea está en constante movimiento? El agua, el fuego, el viento, la gente, el tiempo. Incluso nuestro cuerpo…late, respira, piensa, cambia. ¿Cómo podría interrumpir un instante? Parece imposible. Sin embargo, suena tan bien: detenerse, frenar, parar, tomar aire, pensar, seguir.